Chica fácil, polvo
rápido, chupapollas, perra.
A lo largo de mi
vida me han dirigido epítetos como ese, y algunos otros más. ¿Por
qué? ¿Por ser una malvada persona? ¿Por agredir física o
sexualmente a otra gente? No. Por ejercer mi sexualidad de manera
“liberal”. Esto es, por acostarme con gente diferente. Con varias
personas a la vez. Con varias personas al mismo tiempo. A veces, me
lo han llamado las mismas personas con las que me había acostado. O
sus amigos. O mis amigas. O gente que no me conocía de nada.
Y al principio
duele. Incluso puede que llegues al punto en el que te lo crees. Te
crees que realmente eres un pedazo de mierda porque te gusta follar.
Que eres un filete y que qué mas da quién te la meta, y cómo te la
meta, porque total, sólo sirves para eso. Para ser follada. Para ser
juzgada, vilipendiada, criticada y condenada.
Estar soltera es muy
difícil siendo mujer. Estar soltera y follar es peor. Porque parece
que si decides hacer uso de tus genitales con personas diferentes te
conviertes en un animal peligroso, en algo subversivo, oscuro y
sucio. Y hay algo peor: dejas de ser una persona. Porque no nos
engañemos: una puta no es una persona, una puta es una vagina con
patas. Y por lo tanto, los que no son putas pueden decir de ti lo que
quieras, total, qué mas da. Una puta no importa.
A veces te parece
que has oído mal. O te dicen que es broma. Que no te lo tomes a
pecho. Pues estoy hasta el coño – ese mismo por el que me
condenáis – de que penséis que las putas no son personas. De que
digáis que las zorras no merecen la pena. Si ejercer mi sexualidad
de manera plena, si disfrutar de lo que tengo entre las piernas, si
vivir cachonda la mitad del tiempo, si querer explorar el sexo va a
convertirme en una puta, sea. No voy a cambiar lo que piensan de mí
aquellos que me condenan. Pero puedo reclamar en lo que pretenden
convertirme.
Así que cuando te
llamen puta, cuando recomienden a tu último ligue que tenga cuidado,
cuando tu ex diga por ahí que eres una zorra, ten la cabeza alta,
porque te tienen miedo. Tienen miedo a lo que eres, a lo que
representas, porque en la parte más oscura de su cerebro, en la que
solamente habitan por las noches, desearían ser tú. Desearían
liberarse de su conciencia burguesa y decimonónica, y gritar,
correrse, y joder con alguien diferente cada noche, aunque fuera sólo
un momento. Al fin y al cabo, no deberías de asustarte de un
insecto: ellos te tienen más miedo a ti.

0 comentarios:
Publicar un comentario